Yo había tenido mis dudas sobre un famoso acuerdo ortográfico que había pretendido unificar el portugués. Este tratado pretendía dar una visión unitaria al mundo de la lengua usada en Portugal y los países que en su día fueron sus colonias. Era por todos sabido que el acuerdo sobreponía la política internacional (y un interesante negocio editorial no desdeñable) a las necesidades realmente lingüísticas. Además de contener un favoritismo a la "moda brasileña" de usar la lengua.
Yo había tenido mis dudas por mi convicciones evolutivas y flexibles de la lengua que me habían llevado a aceptar con naturalidad, y hasta afecto, a las otras formas de hablar el castellano en América. Pero eso nada tenía que ver. No era una evolución, sino una involución.
No debía confundirse mi flexibilidad para aceptar palabras o expresiones latinoamericanas con la flexibilidad sonora de cambiar la forma de escribir para adecuarla a una fonética local. Así, las películas en Brasil llevan "dUbladas" desde hacía mucho tiempo. E por aí fora... Cuál el límite de ieste camino.
Tampoco se trataba de aceptar ciertos cambios de género o número como el "la pasaste bien" frente a "lo pasaste bien" o "lo pasaron bien"... Sino del "para mi enteder", "para ti fazer", porque "nois vamo a la casa di lanche".
Pero no era tampoco lo escandaloso de eliminar algunas consonantes y por tanto las raíces verbales de las palabras, como aludían los puristas de la lengua lusa opuestos al acuerdo...
¡No se trataba de un acuerdo! ¡Lo que Brasil necesitaba era una corrección ortográfica! ¡Colonialismo lingüístico! ¡¡O independencia!!!
Yo había tenido mis dudas por mi convicciones evolutivas y flexibles de la lengua que me habían llevado a aceptar con naturalidad, y hasta afecto, a las otras formas de hablar el castellano en América. Pero eso nada tenía que ver. No era una evolución, sino una involución.
No debía confundirse mi flexibilidad para aceptar palabras o expresiones latinoamericanas con la flexibilidad sonora de cambiar la forma de escribir para adecuarla a una fonética local. Así, las películas en Brasil llevan "dUbladas" desde hacía mucho tiempo. E por aí fora... Cuál el límite de ieste camino.
Tampoco se trataba de aceptar ciertos cambios de género o número como el "la pasaste bien" frente a "lo pasaste bien" o "lo pasaron bien"... Sino del "para mi enteder", "para ti fazer", porque "nois vamo a la casa di lanche".
Pero no era tampoco lo escandaloso de eliminar algunas consonantes y por tanto las raíces verbales de las palabras, como aludían los puristas de la lengua lusa opuestos al acuerdo...
¡No se trataba de un acuerdo! ¡Lo que Brasil necesitaba era una corrección ortográfica! ¡Colonialismo lingüístico! ¡¡O independencia!!!
Yo, que me había negado siempre a la ostentación simbólica, yo que en mi vida había pisado un estadio de fútbol, yo iconoclasta del deporte, me iba a enfundar unos colores de desconocida trayectoria y más ignorado puesto en la clasificación.
Por un lado estaba el Gremio, de color azul y negro.
















Si eso era lo más cercano a una exposición antropológica que tenía la ciudad más productiva de Brasil, era poco. Pero había saciado mis ilusiones para ser un primer día y ahora sólo me quedaba ver indios de verdad. Con toda la artificialidad de traer al centro urbano un festival de pueblos de todos los rincones del estado, aquellos puestos ofrecían la característica que conmociona a los europeos: la abundancia.
No es la calidad de sus productos, ni lo desconocido que puedan llegar a ser. En el mundo actual la globalización ha llevado al indio con taparrabos y sus artesanías a todos los ricones del planeta, desde las grandes exposiciones de élites urbanas a la calle más concurrida de Benidorm. 